Un viaje por el Loira (y por sus vinos). Parte II.

«Un beau terroir bien exposé près d’un fleuve, un grand cépage, des hommes respectueux de l’environnement et des traditions locales sont les fondements d’un grand vin.», Jean-Bernard Berthomé.

Mi compañero de mesa, un conocido periodista polaco, me preguntó que me parecía el vino. Le respondí que no podía hablar, de hecho solo le miré y, con lágrimas pugnando en mis ojos, me señale la garganta y con un graznido le hice saber que necesitaba un tiempo tranquilo para pensar en el vino que acababa de probar.

En una clase magistral, el sumiller y propietario de La Cigaleña en Santander, Andrés Conde Laya, nos aconsejó pensar en el vino después de haberlo catado. Es necesario para poder entenderlo. Yo soy un poco vago y no suelo hacerlo, pero a veces, en muy escasas ocasiones, pruebas un vino que te conmueve, por su historia, por su sabor, por su capacidad de transmitir quizá, no lo sé, y las lágrimas se acumulan en tus ojos, la voz te falla y sientes el hálito de algo grande y misterioso.

Estábamos en el interior de una cueva troglodítica. Son grutas gigantescas escavadas por el hombre para extraer la piedra con la que se edificaron todos los grandes castillos del Vale del Loira. La mayoría quedarón avandonadas y sin uso. En la actualidad muchos elaboradores las utilizan para sus vinos, especialmente los espumosos, debido a la temperatura baja y constante. En la que visitamos podíamos ver como se formaban pequeñas estalactitas en los techos de las minúsculas filtraciones mientras las gotas caían heladas sobre nuestras cabezas. Después de la visita a la gruta, nos sentamos en una pequeña estancia junto a la entrada, algo más cálida, y una representación de los elaboradores de la región y el anfitrión, Sébastien Brunet, nos invitaron a degustar sus vinos. Dentro de la cueva ya habíamos degustado el primer espumoso, degollado a la volée para nosotros por el elaborador, cogido de una de las pilas de botellas envejeciendo en la gélida oscuridad. Beber el espumoso a cientos de metros bajo tierra, iluminados con la escasa luz de nuestros cascos es una experiencia fantasmal.

Estamos en la comarca de Vouvray, mundialmente conocida por sus extraordiarios vinos elaborados con uva Chenin Blanc. Nuestros anfitriones son: Sébastien Brunet, el dueño del “domaine” donde nos encontramos, Julien representando al Domaine François et Julien Pinon y Sarah Hwang, hija del actual propietario de Domaine Huet.

Los elaboradores abren para nosotros sus mejores vinos. Nos explican su filosofía, los años de trabajo para entender el lugar en el que viven y lograr expresarlo en un vino. Elaborar un gran vino es el trabajo de toda una vida, sino de generaciones. Vamos degustando y disfrutando de grandes vinos del mundo mientras que sus hacedores nos cuentan las razones de su excepcionalidad. Se va creando la atmósfera para el momento mágico.

El padre de Sarah, Nathony Hwang, compró Domaine Huet en el año 2003. Casi al final de la cata Sarah nos invitó a degustar el Clos de Bourg 2003, la primera elaboración de su familia. Me siento halagado y afortunado al poder probar un vino fundacional de una estirpe. Para finalizar, Sarah nos presento un vino más, La Haut-Lieu 1993. Al comprar la bodega los actuales propietarios también compraron las existencias de vino acumuladas durante décadas por el Domaine.

Domaine Huet fue fundado en 1928 por Victor Huet y por su hijo Gaston. Gaston hizo del domaine uno de los más prestigiosos del mundo y el emblema de la zona d Vouvrey. Murió en 2002 después de haber sido un referente en la elaboración de vinos biodinámicos. En 2003 su familia decidio vender el domaine a Anthony Hwang. Las tres propiedades principales del domaine son: Le Hout-Lieu, Le Mont y Clos de Bourg. Esa tarde probamos los tres. El último, el Hout-Lieu 1993 elaborado por el propio Gaston Huet.

Para disfrutar de un vino de Domaine Huet es preciso esperar. Son grandes vinos de guarda, tanto los secos como los dulces y semi-dulces. Lo mejor es esperar entre 5 y 15 años para poder apreciar el terroir en toda su complejidad. Degustamos Le Mont 2021, seco. Depués Clos de Bourg 2003, molleux (dulce). El último fue un Le Hout-Lieu 1993. El peso de la historia, saber a ciencia cierta que al abrir una botella queda una botella menos de las elaboradas por Gaston, la conciencia de ser agasajado con algo único, que no se puede comprar (pregunté a Sarah donde podíamos adquirir una botella de ese vino y me dijo que no estaba a la venta, solo se abrían en las grandes ocasiones), la certeza de estar delante de una obra singular de un hombre que conocía su oficio, el maravilloso dulzor en mi boca y en mi alma me emocionaron hasta las lágrimas.

A veces, pocas, vives un momento de intima emoción.

Los castillos.

El río Loira es el más largo de Francia, con algo mas de 1000 kilómetro. Durante la Edad Media era una de los medios principales de comunicación y, por lo tanto, creador de riqueza y poder. A partir del siglo XIII los reyes de Francia instauraron la corte en sus orillas, levantando los primeros castillos. Albergar a tanto personaje principal y a sus múltiples amantes exigía una multitud de viviendas, todas compitiendo en elegancia y grandiosidad. Los dos castillos más famosos son:

Chambord, la más grande mansión del Loira, con 440 habitaciones (con sus correspondientes baños). Fue mandado construir por el rey Francisco I. El origen fue una fortaleza defensiva utilizada como palacio de caza. La influencia recibida por los constructores de las obras renacentista italianas marca la transición entre la Edad Media y le Renacimiento. Esta rodeado de un inmenso jardín de 5440 hectáreas, lo que lo convierte en le parque natural vallado más grande de Europa. Entrar por el inmenso jardín y ver aparecer el castillo, solitario en medio de una verde explanada, deja una impresión inolvidable. Esconde maravillas como la escalera de doble hélice, atribuida a Leonardo da Vinci, en su día invitado del rey. Llovía, pero aun así nos escapamos a la terraza para ver la luz del día desvanecerse en un punto incierto del cielo. En el recibidor estaban, como siempre, los vignerons con sus vinos. La cena fue magnífica, a cargo de un “cheff étoilé”.

Chenonceau, más pequeño, más coqueto, es conocido como el Castillo de las Damas. Varias mujeres acometieron reformas que han dado el actual aspecto del palacio. La más importante y la que, con el tiempo, ha atraído la atención de los visitantes es la galería sobre el puente que cruza el río Cher. La sensación es que el río pasa por debajo del castillo. La ampliación fue llevada a cabo por Catalina de Medici, querría ver el río sin tener que salir de casa. Visitamos el castillo y, antes de cenar, asistimos a una curiosa subasta. En los últimos años se han seleccionado los mejores vinos de la región, se han etiquetado con una etiqueta genérica y se han guardado en las bodegas del castillo, conservados como en una máquina del tiempo. Van a permanecer durante décadas. Se subastaron estos vinos, que disfrutaran los hijos o nietos de los ganadores de la subasta. El dinero iba destinado a una ONG para hacer realidad los sueños de niños enfermos. Ójala se nos ocurriera a nosotros hacer algo así.

Cheverny, añado este último como curiosidad para mi amigo David. No lo he visitado, aunque he estado bastante cerca, pero es recomendable por haber servido de inspiración al dibujante Herge, el creador te Tintin. El Castillo de Moulinsart, la mansión donde viven el capitan Hadock y su amigo el profesor Tornasol, tiene la misma fachada que este célebre castillo.

La mayoría de los castillos fueron abandonados cuando los reyes posteriores decidieron poner la corte en París. El riesgo de ruina obligo a la venta de los hermosos palacios a personas privadas (y muy ricas). La mayoría de los palacios pertenecen a familias adineradas y están abiertos al público.

La variedad Chenin Blanc.

Decía Monsieur Leroy en el cómic Los Ignorantes:la chenin es la mejor (variedad de) uva del mundo”. Siempre resulta sospechoso cuando un elaborador dice eso sobre la variedad de uva que cultiva, pero en este caso habría que escucharle. El era un friki del vino y se gastaba un montón de dinero catando  vinos por todos los lugares a donde iba. Trabajaba de  banquero. Lo dejó para ir al Loira a cultivar una uva en una parcela con unas características únicas y hacer vino. La parcela se encontraba en Anjou. La variedad principal, la Chenin Blanc.

Algo de historia:

La historia de la Chenin está íntimamente ligada al Loira. Llamada sucesivamente franc blanc, plant d’Anjou, plant de Bréze o pineau de la Loire nunca ha abandonado las orillas del río.

Los primeros testimonios proceden del año 845 de la abadía de Saint-Maur, entre Angers y Saumur. En 1154 los vinos de Anjou son tan famosos que Henri ll de Plantagenêt, convertido en rey de Inglaterra, no quería otro en la corte. Pero es el gran Rabelias, en Gargantua, el primero en utilizar la palabra chenin en 1534.

Entre los siglos XVl y XVll el viñedo se extiende de las riberas del Loira hacia sus afluentente (Loir, Aubance, Layon…). En el siglo XlX eran reconocidos como unos de los mejores blancos de Francia. Como todos los viñedos de Europa, fueron devastados por la filoxera y la replantación se realizó principalmente con variedades tintas con la excepción de las zonas famosas por sus extraordinarios vinos dulces.

Hoy es la 2º variedad blanca en producción a lo largo de todo el Loira.


Clima.

Clima oceánico templado, con desviaciones de temperatura muy débiles y precipitaciones de lluvia inferiores a 600 milímetros cúbicos por año.

Suelo:

Cuando vas a visitar una bodega te llevan al viñedo, se agachan y te lo hacen tocar. Lo primero que te dice un elaborador francés es como es el suelo de su viñedo.

Pues así es: Muy variado, pero principalmente el viñedo se encuentra en un zócalo precámbico formado hace 500 millones de años y paleozoico de la era primaria de esquistos, rocas magmáticas, finas piedras de basalto oceánico y pequeñas piedras volcánicas.

Características.

Su principal virtud es su gran versatilidad para elaborar vinos de calidad.

Con la cepa chenin se elaboran frescos y seductores vinos jóvenes, complejos y minerales vinos de guarda, legendarios vinos dulces e incluso espumosos.

Su extraordinaria capacidad para dejar expresar su origen, el clima y la tierra de la que proceden.

Desarrollar el gran potencial de esta variedad exige un gran trabajo en los suelos  del viñedo, la drástica reducción de los rendimientos, la búsqueda de la madurez conservando la acidez y ajustar los tiempos de crianza.

Los vinos.

  • Vins de Printemps: son los vinos jóvenes. Alcanzan su potencial de expresividad en los primeros días y meses después de embotellados. Son vinos frescos, frutales y muy vivos.
  • Vins de Garde: vinos sometidos a algún proceso de envejecimiento. Como dice su nombre, no se hacen para consumir jóvenes, sino que alcanzan su mejor momento con el paso de los años. ¿Cuántos?, por supuesto depende, pero son vinos muy longevos, pudiendo alcanzar su momento de plenitud de 5 a 25 años. Con el tiempo se vuelven más minerales y complejos, desarrollando aromas secundarios de cera de abeja, torrefacción, yodo y silex. Los bien elaborados tienen esa característica casi perdida llamada «Terroir» .
  • Vinos espumosos. Elaborados mediante el método tradicional o de segunda fermentación en botella. Están buenos, pero les queda un largo camino por recorrer, en especial en los tiempos de estancia del vino en contacto con las levaduras. Buen  potencial, pero se venden demasiado jóvenes.
  • Vinos dulces. El gran tesoro del Loira. Vinos fantásticos, con un potencial de envejecimiento larguísimo, dorados y dulces, nada empalagosos gracias a su magnífica acidez, complejos y casi eternos en el posgusto.

Dos formas de elaborarlos:

    • Vinos de vendimias tardías con uvas pasificadas vendimiadas en sucesivas pasadas por la viña en diferentes días, recogiendo únicamente las uvas sobremaduradas en su momento óptimo. Los aromas recuerdan a las flores blancas, melocotón, albaricoque e higos. Sutiles recuerdos florales de acacia y rosa.
    • Vinos selección de granos nobles, elaborados con uvas atacadas por el hongo de la botritis cinerea seleccionadas una a una. La complejidad aromática es mayor, siendo uno de los vinos más complejos del mundo. Mieles, frutas en almíbar, mermelada de naranja amarga, flores, frutos secos, cera de abeja… con el envejecimiento las notas florales se afinan y los aromas evolucionan a resina, almendra, bergamota y notas exóticas. Y mucho más.

    • TERROARISTA.