La (rentabílisima) feria de las vanidades. Concursos internacionales de vino.

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“Vulgar, but not as vulgar as Louis Vuitton, thought Sherman.”
― Tom Wolfe, The Bonfire of the Vanities

En pleno corazón de Ningxia, en Yinchuan, a orillas del río Amarillo, le château Bacchus muestra orgullosamente las medallas ganadas en sucesivos años en los premios Decanter. Medallas de plata y de bronce y diplomas enmarcados en los muros provocan la ilusión de que esta bodega, creada hace apenas diez años produce grandes vinos desde hace lustros. Y no es la única. El fuego de miles de medallas refulge en cientos de bodegas. Los propietarios chinos saben que estas premiado en un prestigioso concurso internacional es un vehículo precioso para aumentar las ventas y darse a conocer al público chino si no han sido distinguidos con buenas puntuaciones por los grandes críticos internacionales. Los productores pagan las altas tarifas para competir en el prestigioso concurso de la revista británica. Para Decanter el mercado chino es un negocio jugoso donde las medallas se entregan a centenares convirtiéndolo en el más popular del mundo.

 

En 2015 se presentaron a competir 16.000 muestras de vino de todo el mundo al campeonato anual de Decanter, obteniendo medalla un 70%, llegando a la conclusión de que es mucho más fácil conseguir un galardón que irse a casa sin premio. Nadie podría dudar de la honestidad de este concurso de no ser por un detalle capital, no es gratuito. Cada muestra enviada paga una tasa de inscripción de 180 euros. Pero además las bodegas con vinos premiados tienen la posibilidad de adquirir, pagando, las pegatinas con el color de las medallas garantes del premio concedido. También son invitadas a acudir a los diferentes salones y ferias de vinos organizados por la revista donde disponen de la posibilidad de invitar a sus clientes a una cena de gala a cambio de miles de euros. Hoy, dos tercios de los ingresos de Decanter provienen de la entrega de medallas, muy por delante de la revista o de la página web.

Este modelo anglosajón ha sido copiado por The Drink Business, el autoproclamado líder de la prensa de vinos y licores en Europa, una auténtica fábrica de concursos, organiza 11 concursos temáticos de variedades o tipos de vino. Ostenta el record absoluto de medallas concedidas, concediendo una medalla al 90% de las muestras presentadas en el concurso de champagne.

Los concursos se han convertido en un negocio muy rentable y florecen como setas. En Francia, el organismo encargado de regular este tipo de concursos es la DGCCRF. En 2013 este organismo certificaba 6 eventos de este tipo; en 2016 130. Es cierto que las tasas de estos concursos son mucho más bajas y que las medallas entregadas no pueden sobrepasar el 30% de las muestras presentadas.

Sin embargo la pregunta principal cuando nos encaramos con un vino premiado con una medalla es: ¿podemos fiarnos de la calidad del vino por el premio recibido?.

No necesariamente. Los vinos más prestigiosos no se presentan a estos concursos, puesto que cuentan con una red de distribución y una credibilidad contrastada a ojos del público, por lo tanto a estos concursos suelen acudir vinos con necesidad de promoción y de ser conocidos. Un vino con medalla suele venderse un 10-15 por ciento más caro y suele ser mejor admitido en las grandes superficies, donde el cliente suele dejarse seducir por este tipo de reclamo.

Algunas grandes marcas, como Luis Latour, acude a estos concursos para testar sus productos, pero luego no suele poner en sus botellas los premios recibidos. Los concursos internacionales suelen ser una gran ayuda para la exportación, de ahí la gran necesidad de las firmas exportadoras de conseguir una de estas medallas. Por ejemplo, los vinos premiados en concursos como el de Bruselas, Vinalies o Chardonnay del Mundo, son reconocidos como vinos “A” por la poderosa Sociedad de Alcohol de Quebec.

 

Un pequeño examen de los grandes concursos internacionales.

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Decanter, el más prestigioso de los concursos internacionales.

El jurado está compuesto por 240 profesionales, de los cuales 85 son Masters of Wine y 23 Masters Sommeliers que cobran un mínimo de 125 euros cada día. Se reparten en mesas de 3 o 4 y catan unos 85 vinos cada por día. Decanter organiza también un concurso en Hong Kong en septiembre.

Ficha técnica:

Ficha y lugar: fin de abril en Londres.

Coste de cada muestra: 185 euros (154 euros vía internet) + 20% de TVA.

Precio de 1000 pegatinas para las botellas: 63+TVA.

Muestras presentadas: 15 929 de vinos de todo el mundo.

Porcentaje de vinos con medalla: entre el 67 y el 71%.

 

International Wine Challange (IWC).

El IWC reúne cada año en Londres más de 14.000 muestras de vino del mundo entero. La cata tiene tintes de maratón, los jurados deber catar más de 100 vinos cada día. El jurado está formado por profesionales remunerados. El palmares premia a una vino de cada dos (ganan medalla un 50% de las muestras presentadas). El vino más botada gana el premio de “Mejor Vino del Mundo”, ahí es nada.

 

Ficha técnica.

Lugar y fecha: en junio en Londres.

Numero de muestras en competición: 14.000 vinos del mundo entero.

Coste de participación por muestra: 137 euros + 59 euros por tasas y derechos de envío.

Precio de las pegatinas para las botellas: 57 euros cada 1000.

Porcentaje de vinos con medalla en 2015: 49%.

 

Concurso mundial de Bruselas.

Concurso itinerante, cada año se desarrolla en un lugar diferente. En 2016 tendrá lugar en Bulgaria. El jurado está compuesto por periodistas y blogueros invitados del mundo entero.

Como anécdota comentar que la antigua medalla de bronce, poco interesante para los elaboradores participantes, ha desaparecido y los organizadores han creado dos categorías en la medalla de oro, claramente más atractiva para aumentar las ventas: la Medalla de Oro y la Gran Medalla de Oro.

 

Ficha técnica:

Lugar y fecha: abril y mayo en Bulgaria en 2016.

Muestras presentadas: 8.000 vinos de todo el mundo.

Precio por muestra presentada: 138 euros, todo incluido.

Precio de las pegatinas para las botellas: 22 euros cada 1000.

Porcentaje de vinos con medalla: 28,2%.

 

The Drink Business.

La revista autoproclamada líder de la prensa profesional de vino en Europa es una auténtica máquina de concursos, con 11 eventos temáticos, como el Master Chardonnay o el concurso dedicado a los champagnes. Intenta ser el espejo donde se mire el gusto mundial de vinos y ser los verdaderos creadores de tendencias. El jurado está formado casi en su totalidad por Masters of Wine y la avalancha de medallas, rozando el alguno de los concursos el 90% de las muestras presentadas, restan un poco de credibilidad.

Ficha técnica (de una de los últimos concursos realizados: pinot noir).

Lugar y fecha: febrero en Londres.

Muestras presentadas: 240 pinots noirs de todos los orígenes.

Coste por presentar una muestra: 184 euros + tasas de envío, unos 60 euros.

Precio de las pegatinas para las botellas: 65 euros.

Porcentaje de vinos premiados con medalla: 74%.

 

Nuestra opinión.

Una experiencia común entre los considerados “entendidos de vinos” es que siempre nos preguntan por algún consejo sobre vino. Más específicamente nos piden un consejo para comprar un buen vino a un buen precio. Existe una gran masa de consumidores artos de las marcas líderes o, al menos, interesados en la búsqueda de nuevas sensaciones y sabores y con la inquietud de probar nuevos vinos. Cuando nos acercamos al lineal de una gran superficie o en una tienda de vinos podemos calificar las marcas que nos encontramos en tres categorías:

1-vinos que conocemos y ya hemos probado.

2-vinos de los que no sabemos nada.

3-vinos de los que hemos oído algo en alguna parte.

 

Si buscamos algo nuevo eliminamos la 1º categoría. Cuantas veces hemos estado con un vino en la mano que nos parece interesante pero al final nos da miedo y lo volvemos a colocar en su estante para definitivamente llevarnos uno del cual hemos oído o leído algo en algún sitio. Los concursos internacionales ayudan a crear prestigio, a dar brillo a una marca y a difundir su nombre en las mentes de todo aficionado. Creo que podemos decir, a pesar de la competencia de los jurados y de la probable vocación de ejercer con precisión su trabajo, que los concursos son una máquina de hacer dinero. Aprovechan el interés y desconocimiento del público (incluidos nosotros) en el inabarcable conocimiento de las marcas, estilos, añadas, variedades, etc. de los vinos para proponer unas marcas privilegiándolas sobre otras. El problema está en el número de medallas concedidas a muestras de cuestionable calidad. Existe una dificultad intrínseca en catar un número alto de muestras diaria, por muy entrenados que estén los jurados. Por otro no sabemos, ni lo saben los organizadores, si las muestras enviadas se corresponden con los vinos luego embotellados por cada bodega, sin embargo, no es creíble que dos de cada tres vinos ganen una medalla haciendo más difícil no ganar un premio que ganar. Sin esta avalancha de medallas los elaboradores no presentarían sus muestras y el concurso dejaría de ser el negocio que es. Los organizadores prefieren repartir un gran número de galardones con el único objetivo de recaudar más dinero. El prestigio del concurso no lo consiguen eligiendo los mejores vinos del mundo, como alguno de ellos después proclama, sino con un jurado prestigioso e invirtiendo dinero en publicidad. Me gustaría remarcar que no estoy hablando de los vinos presentados, de los cuales algunos serán de gran calidad, sino de la poca información que aporta una pegatina pegada en una botella con una medalla de un premio internacional. Probablemente en un momento de duda nos empuje a seleccionar ese producto sobre los otros porque lo hayamos oído en la tele o leído en alguna revista por haber conseguido una de estas distinciones, pero al final, pertenecen a la clasificación de vinos que no conocemos por que no hemos probado.