Instrucciones para parecer un auténtico Pro en un salón de vinos. Salón de vinos del Loira.

“Jamais homme noble ne hait le bon vin”, François Rabelais, nacido en la región, a la orilla del Loira. Nunca un hombre noble ha odiado el buen vino.

Una feria o salón de vinos es un emplazamiento físico donde se reúnen una serie de viticultores y empresas de vino para promocionar sus productos. Por lo general, todos los expositores comparten algún rasgo común: lugar de procedencia, técnicas de cultivo y elaboración (si son ecológicos por ejemplo), si están elaborados con la misma variedad o si han sido elegidos por algún gurú para editar una guía. En algunos encuentras esos vinos maravillosos que te hacen disfrutar (y que lamentablemente no puedes pagar). Yo y mis acólitos vamos en procesión, y con esto me refiero a que es nuestra religión.

El viaje.

El Salón del Vino del Loira tiene lugar en Angers, una preciosa ciudad a las orillas del río Maine, afluente del gran Loira. Está como a 1000 kilómetros de mi pequeña ciudad, Cold Town. Al salir nieva. Justo hasta la frontera con Francia sigue nevando. Vamos muy despacio y, si no asustados, sí con mucha precaución. Al pasar la frontera deja de nevar. Una fina lluvia empaña los cristales del coche. Dormimos en Burdeos para hacer el viaje en dos etapas. A la mañana siguiente nos levantamos pronto y seguimos viaje. No vamos al apartamento a dejar las maletas, sería una pérdida de tiempo. El horario habitual de los salones de vino es de 10 hasta 18.30 horas. Nuestra ansiedad nos hace correr hasta la puerta, comprar las entradas, dejar los abrigos y a catar como enloquecidos.

A la sombra del Salón de vinos principal, han aparecido varios salones de vinos ecológicos, biodinámicos y naturales. El éxito ha sido tan grande que no es exagerado decir que una gran parte de periodistas, escritores y sumilleres conocidos están aquí. Nos cruzamos con Josep Roca y todo el equipo del Celler, vemos pasar a Alice Feiring (escritora del libro, El vino y el amor, o de como salve al mundo de la parkerización), y muchos mas compañeros, elaboradores y distribuidores de vino.

Actuar como un Pro en un salón de vinos.

La primera norma es llegar los primeros. Hay que madrugar y llegar a las puertas antes de que abran. Los salones de más prestigio siempre tienen una pequeña cola de fanáticos nerviosos por empezar. Las ventajas de llegar pronto son múltiples; los representantes de cada bodega están descansados y deseosos de empezar a trabajar, todavía no están agotados de repetir a cada rato lo mismo; hay mucha menos gente, y no hay que competir o esperar delante de las mesas; los vinos más caros todavía no se han agotado, de hecho están recién abiertos, y puedes catarlos todos; y la más importante, cuanto antes llegues más vinos vas a disfrutar.

Una vez dentro, hay que elegir con cuidado los primeros expositores que vamos a visitar. Los vinos más selectos (obviamente los más caros) son los que, sin duda, hay que probar, de hecho son la razón principal de acudir a estos eventos; probar los vinos que no puedes pagar. Una vez ubicadas las mejores bodegas, seguimos un orden de preferencia; empezamos por los más famosos. En caso de no conocer las bodegas, elija siempre a los elaboradores en vez de a los comerciales, elija a los que NO van de traje. Cuanto más desaliñados y desastrosos vayan vestidos, mejor. Delante del señor/a que nos va a escanciar el preciado líquido estamos serios, respetuosos, casi reverenciales. Nada de chistes o comentarios inocuos. Disfrutar de un gran vino es una experiencia mística, yo lo sé. Ellos también. Siempre hay que catar todos los vinos de la mesa. Preguntar o exigir catar primero los vinos de élite es el peor de los delitos que un lego puedo cometer. Por dos razones; la primera que te declara como oportunista no profesional; la segunda porque, una bodega que elabora vinos de entre 100 y 200 euros suele tener unos buenísimos vinos intermedios de gama, ineludibles. El orden es siempre el mismo, de más joven a más viejo, primero los blancos y luego los tintos (a no ser que el propio elaborador diga lo contario). Pruebe, y disfrute, todos. No olvide decir a la persona que tan amable nos atiende buenos días, gracias, adiós, y frases descriptivas de los vinos, siempre en tono laudatorio. Si los vinos no le gustan, no diga nada. Frases del tipo “tiene una acidez muy buena”, “este vino esta muy bien hecho” o “es típico de la zona pero a la vez muy personal” serán bien recibidas. Pero si quiere triunfar de verdad, pruebe el vino, mire a la persona a los ojos y simplemente diga algo como “este vino tiene terroir”.

Acabada una mesa, pasamos a la siguiente que previamente hemos seleccionado (o que elegimos sobre la marcha siguiendo nuestro instinto).

Más rápido que el TGV por la estepa francesa pasa el tiempo. Llega el hambre. Es el momento más arriesgado de la jornada. La comida te cambia el paladar por un buen rato, después de comer, la mayoría de los vinos saben peor. Lo aconsejable es comer algo sencillo, rápido, sin café y mucho menos sin postre (el azúcar es el gran destructor).

Renovadas las fuerzas es el momento de los vinos especiales, a los que menos les va a afectar la ingesta sólida; las burbujas, los generoso y los dulces. Las burbujas nos quitan la sed y nos preparan para los vinos más potentes. Poco a poco el salón parece cada vez más una fiesta descontrolada. Cada vez hay más gente. Los que llegan más tarde intentan aprovechar lo más posible y son poco caballerosos delante de las mesas. Hay algunos empujones. Los grandes vinos ya se han acabado, lo mismo que la paciencia de los pobres amigos que sirven los vinos. Llega la hora del cierre. Algunos de los elaboradores se ha ido y ha dejado las botellas abiertas encima de la mesa. Lo normal es que algún grupo se aproxime y acabe con todas las existencias. Tardamos una hora en salir. Te quedas remoloneando, hablando del día, de lo que has probado, de lo que más te ha gustado. Queda la sensación de haber vivido minutos únicos, parecido al cansancio feliz de una tarde de risa prolongada. Salimos de los últimos, agotados.

Unos pocos datos sobre los salones de Angers.

Salon St Jean, sábado y domingo.

Hasta hace dos años se llamaba Les Greniers de Saint Jean, pero estaban muy abarrotados (la fama mata) y era difícil degustar los vinos con tranquilidad, hablar con los productores y disfrutar de la experiencia. Al final cada puesto parecía un bar sirviendo vino, todos extendíamos los brazos para que nos sirvieran, y el contacto y el objetivo de la cata se diluían. Este año la feria tiene lugar en dos grandes edificios, Les Greniers (unos antiguos graneros perfectamente recuperados y utilizados como salas de muestras) y un ala del museo de tapices. Los dos edificios forman un complejo arquitectónico muy bello. Para pasar de uno a otro solo hay que cruzar un pequeño patio y subir unas escaleras. Todos los vinos escogidos cumplen con las obligaciones de vinos ecológicos y han sido elegidos por su calidad. Los vinos de negocio (los elaborados con uvas de fuera de la propiedad y la compra de vinos elaborados) no están permitidos.

Los elaboradores son todos ecológicos y la mayoría siguen los principios de la biodinámica (he escrito sobre la biodinámica y si alguien quiere saber lo que es que pinche en este enlace). Hoy estos elaboradores representan la élite de los vinos europeos, aparecen en las revistas y son los más buscados por los sumilleres y las tiendas especializadas. Su filosofía ha calado en el público y les ha convertido en las nuevas estrellas. Muchos de ellos están aquí.

El horario es de 10 a 19 horas y recomiendo estar a las 10 en punto comprando las entradas. El precio es de 20 euros sin invitación, 10 euros con invitación. Un truco si no has sido invitado es descargarse la invitación de internet. El año que viene la pondré a disposición de todos. Al pagar te dan una copa y eso es la entrada. Hay que guardar la copa, solo te dan una y si la rompes o la pierdes te toca comprar otra. El salón dura dos días, sábado y domingo, por lo cual hay que llevarse la copa a casa y traerla el día siguiente. Yo tengo en casa las de otros años, es un bonito recuerdo.

El importe recaudado con la vente de entradas se destina íntegramente a la reforestación de Madagascar y a la ayuda de la población indígena a través de la organización Madavin.

Les Pénitentes, sábado y domingo.

El monumento donde tiene lugar el salón se llama “Hôtel des Pénitentes” y sirve para dar un gracioso nombre al salón. No se muy bien su origen pero supongo que serían algunos de los elaboradores no invitados o que no cabrían en el otro salón. Lo cierto es que el ambiente es mucho más distendido, mucho menos serio, que en St Jean. El tráfico de personas con copas en la mano y la lengua fuera más divertido es entre estos dos salones. La mayoría solo pagamos en uno y nos colamos, alocadamente, en el otro. Hay algún productor menos pero los que hay merecen la pena. Al final todas las botellas abiertas se dejan en una mesa y hay una especie de locura colectiva para catar todas. Los elaboradores ayudan a crear esa sensación de euforia (la mayoría de ellos ha sentido sed y ha sabido como saciarla). El horario es de 10 a 18 horas, por lo cual hay que darse prisa para llegar antes de el cierre.

Les Anonymes, Sábado.

El salón tiene lugar en el centro de la ciudad, en un edificio llamado Curnonsky. Diría que para los amantes del vino más alternativo este es su sitio. Todos los vinos son sin sulfitos añadidos (se les suele llamar vinos naturales). Llegamos a las 10.10 y ya hay cola para entrar. El precio de la entrada es de 5 euros y no hace falta invitación. Desde primera hora está lleno de gente, incluso es algo molesto. Vamos buscando las mesas vacías y catamos todo lo que podemos. Los elaboradores van todos vestidos con grandes jerséis de lana, gorros o viseras y grandes prendas de abrigo muy usadas. Parecen auténticos labriegos, nada que ver con los empresariales modales de sus colegas de St Jean. Algunos vinos nos deslumbran y otros nos dejan un mal sabor de boca que durará horas. Algún día deberíamos hablar de donde están los límites de estos vinos y cuando nos vamos a atrever a decir en voz alta de alguno de ellos; “esto esta muy malo”. Muy interesante, exige mucho del catador (en especial que sea un friki de verdad). El horario es de 10 a 18.30.

La Dive Boutelle, domingo y lunes, Bodegas Ackerman en Saumur.

Acudimos temprano (y excitados de contentos) a la 19º edición de la Dive Boutelle. Nos levantamos pronto y vamos a la estación, a coger el tren para Saumur. Al llegar, al menos en teoría, hay un servicio de autobuses organizado por la organización para transportar a los invitados que acuden en tren o en coche, uniendo la estación o el parquin con las bodegas. No es así, o no lo es en todos los casos y cuando llega la “navette”, el horario nunca se cumple, es una furgoneta con nueve plazas en la que no cabemos ni la mitad de los visitantes. Unos cuantos decidimos irnos a pie y en 50 minutos recorremos los 4.8 kilómetros que marca el navegador. Al llegar pagamos los 10 euros de la entrada (no hace falta invitación), te dan una copa y conseguimos acceso al interior de la bodega. Vemos como muchos llevan otros clientes llevan sus propias copas, se ahorran la cola y de pagar y entran dentro.

El interior de la bodega es impresionante. Largos túneles horadados en roca viva donde se amontonan las botellas y los productores, cada uno en una incómoda barrica donde han puesto su mercancía. Cientos de elaboradores, miles de vinos, miles de invitados. A veces se hace difícil acercarse a una barrica y catar los vinos. Está considerado el mejor salón de vinos naturales y alternativos. Sin duda lo es, aunque los vinos no son todos naturales (de hecho la mayoría tienen sulfitos). Imprescindible para pasar un día memorable. Hay restauración en el interior, en especial ostras. A la vuelta tuvimos problemas con la navette (otra vez) y volvimos andando, perdimos el tren, el siguiente se estropeó en la vía y nos toco esperar más de tres horas en una estación heladora; llegamos exhaustos, helados y felices muy tarde en la noche. Los vinos que probamos merecen el esfuerzo realizado. Imprescindible.

Salon des Vins de Loira, Levée de la Loire y Salon Demeter, lunes y martes.

Pongo los tres salones en el mismo epígrafe puesto que están los tres en el mismo lugar, el Parque de Exposiciones de Angers. El recinto ferial está a las afueras de la ciudad, pero un servicio de autobuses, perfectamente organizado, lleva y trae a todos los interesados en acudir. Una amable azafata te informa en la estación de trenes cual es la parada y del horario de las navettes. El Salon des Vins de Loira está perfectamente organizado. Hay una gran zona de libre degustación donde se pueden catar varios centenares de vinos de las principales denominaciones de la zona, clases magistrales sobre las variedades locales y otros temas relacionados con la elaboración y venta de vinos, y varias catas temáticas con vinos de diferentes años y calidades. Imprescindible para hacerse una idea cabal de la región.

La Levée de la Loire es un salón con vinos biológicos de la zona de la Loira. En el mismo espacio, en otra plata, están lo elaboradores biodinámicos del Salon Demeter. Están en el mismo espacio ferial que el Salon de Vins de Loira, la entrada se hace con la misma acreditación, pero están a parte. Son interesantes y están algunos de los productores que hemos visto en los otros salones durante el fin de semana. Estos tres salones son gratis, solo para profesionales, y acreditarse es sencillo en su página web. El horario es de 9 a 19 el lunes y de 9 a 18 el martes.

Agotador.

TERROARISTA

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