Garnacha. El tesoro (no tan) oculto. Parte I

Nuestra variedad más internacional. La garnacha.

La garnacha tinta era la variedad más cultivada a lo largo de nuestro país. La razón es clara, es una variedad muy productiva y muy resistente a las condiciones climáticas, en especial a la sequía. Los vinos producidos en estas condiciones son poco elegantes y propensos a la oxidación, con un alto contenido alcohólico. Es una uva típicamente mediterránea, sometida a muchas horas de insolación.

Estas características llevaron a considararla una variedad menor, apta para vinos sencillo o rosados de consumo rápido, o para mezclar con otras variedades, pero inadecuada para elaborar vinos elegantes y propicios para envejecer. Se han arrancado unas 100.000 hectáreas siendo replantadas por otras variedades más de moda y del gusto del consumidor, en especial por la tempranillo. Un grave error. Arrancar cepas viejas adaptadas al clima de una zona para sustituirlas por otras que nunca se han cultivado en dicho lugar es perder un importante patrimonio genético. Las cepas arrancadas eran únicas, con diversidad genética dentro del viñedo y por lo general viejas, con todas las ventajas que ello supone, y son sustituidas por otras, generalmente por clones idénticos, perdiendo su originalidad, y sin saber si son variedades adecuadas para ese entorno. En el caso de la uva tempranillo, la variedad más plantada, fuera de las duras condiciones climáticas de la meseta, un tremendo error. Esperemos que esta forma de actuación no nos conduzca a decir cuando pedimos un vino: “tempranillo no, por favor”.

La variedad garnacha tinta es la 3º variedad tinta en producción de España, por detrás de la ubicua tempranillo (206.988 hectáreas,18.88 % del total de la producción de uva para elaborar vino) y la bobal (85.124 hectáreas, 7.76%) siendo su producción (75.399 hectáreas, 6,87%). Todos estos datos pertenecen a la campaña de 2008.

Un cambio dentro del gusto del consumidor y, sobre todo, de los elaboradores, está poniendo de moda esta variedad. Varios proyectos de recuperación de esta variedad en zonas tradicionales de producción, con reducción de los rendimientos y tratándola con sumo cuidado, intentando entender todo su potencial y dejando que exprese la singularidad del viñedo hace de esta variedad, una de las más denostadas no hace tanto, uno de los grandes tesoros vitivinícolas españoles.

Zonas de producción. 

El escenario es el siguiente. Las zonas tradicionales de producción de la garnacha mantienen viñedos que han sobrevivido y, debido al arranque sistemático y a la replantación de otras variedades, son viejos o muy viejos. Estos cultivos eran arrancados o abandonados puesto que no eran rentables y se han mantenido por la relación de afecto entre le propietario y la viña. Algunos elaboradores han puesto sus ojos y sus esfuerzos en estas viñas dando lugar a interesantes proyectos donde la principal preocupación de cada elaborador es mantener la singularidad y expresión del terreno.

  • Priorato.

Cuenta la leyenda que un joven enólogo andaba buscando un terreno montañoso y singular donde poder volcar sus inquietudes y conocimientos. Al levantar la vista se enamoró de un lugar de suelo pedregoso y pobre abrasado por el sol del Mediterráneo. La localidad era Gratallops, Tarragona. Su tesoro, viñas viejas de garnacha. El resultado, uno de los vinos icónicos españoles, L´Ermita. Alvaro Palacios demostró el gran potencial de esta variedad. Estamos a finales de los 80. La revolución ha empezado.

  • Gredos.

Otro enólogo de prestigio de familia bodeguera, empeñado en localizar y rescatar antiguos viñedos, es el impulsor  de esta zona. Telmo Rodriguez llegó a Cebreros, Avila,  y empezó a elaborar las uvas procedentes de  viñas viejas cultivadas a gran altitud. Aunque quizá los vinos más interesantes vengan de los pequeños elaboradores de la zona agrupados en la asociación Garnachas de Gredos.

La Sierra de Gredos se extiende a lo largo de tres provincias: Toledo, Ávila y Madrid. La principal característica de estos viñedos es la altitud, entren 600 y 1100 metros, lo cual proporciona una gran acidez a los vinos.

    • GREDOS TOLEDANO, VALLE DEL ALBERCHE, SAN MARTIN DE VALDEIGLESIAS

En estas tres zonas abundan los suelos graníticos desmenuzados en trozos con gran proporción  de sílice. La altitud del suelo oscila entre los 676 de San Martín de Valdeiglesias en Madrid y los 900 de las laderas de Méntrida, en Toledo. 

    • CEBREROS

Se halla en la provincia de Ávila, lindando con la de Madrid. Sus suelos son en su mayoría de pizarra y conservan mucho más el calor nocturno, por lo que la maduración de la uva es mayor. Son mejores las uvas cultivadas en las zonas más altas.

  • Borja.

El imperio de la garnacha. Quizá dentro de la denominación estén las garnachas más viejas del mundo con uno 145 años. Unas 2000 hectáreas de las 5000 de esta variedad tienen una edad entre 30 y 50 años.

Dividida en tres zonas con las siguientes características:

    1. La zona baja, entre 350 y 450 metros de altitud, con suelos marrón grisáceos de piedra caliza. Es la zona donde primero se vendimia, las uvas maduran antes, dando un vino cálido, poderoso y muy aromático.
    2. Caracterizada por poseer  la mayor densidad de viñas por hectárea a una altitud entre 450 y 550 metros sobre el nivel del mar. Los suelos son pedregosos y ferro-arcillosos. Los vinos son intensos, complejos, estructurados y frescos.
    3. Las viñas se encuentran a una altitud entre 550 y 700 metros, en las primeras laderas de la montaña del Moncayo. Los vinos son elegantes, sutiles y delicados.
  • Cariñena.

El clima es mediterráneo con tendencia a continentalizarse, con veranos calurosos e inviernos fríos. Los vientos de la región dificultan la pluviometría dando lugar a un paisaje semiárido. Las viñas se encuentran a una altitud entre 400 y 800 metros.

El Campo de Cariñena es una llanura cerrada por las Sierras Ibéricas, a 42 kilómetros de Zaragoza. Las estribaciones montañosas el suelo es muy pobre con el sustrato rocoso muy cercano con muy bajos rendimientos.

En la llanura el suelo es arcilloso, con cuatro tipos de suelo: Cascajo, Royal, Tierras fuertes arcillosas y Calar.

  • Calatayud.

Emplazada en la provincia de Zaragoza en las estribaciones del Moncayo los viñedos descienden por las laderas entre una altitud de 550 y 1040 metros. El clima es templado continental, con inviernos fríos y veranos muy calurosos.

El terreno es ondulante, asentándose la mayor parte del viñedo en suelos pedregosos, sueltos, muy pobres en nutrientes y elevada proporción en caliza.

Cinco tipos diferentes de suelo: pizarra roja, pizarra gris, margas, gravas y arcillo-ferruguinosos.

Su principal variedad es la garnacha, siendo el 54% del viñedo. Muchas de las viñas tienen más de 50 años.

  • Rioja.

En  el año 1973 el porcentaje de uva garnacha en el viñedo riojano era del 39%. Actualmente ronda el 8%. A pesar del dramático descenso de producción las cepas restantes se encuentran en buenos emplazamientos y son muy viejas. Las mejores y más elegantes se encuentran a cierta altitud.

La región de La Rioja es una de las zonas bendecidas en el mundo para la elaboración de vinos. Dividida en 3 subzonas cada una con un clima diferente y una gran diferencia de suelos permite la elaboración de vinos complejos, característicos y únicos. La garnacha empieza a ser considerada importante, tanto para mezclar, aportando complejidad al vino, como para elaborar vinos monovarietales.

 Terroarista