¿Boicot? no, gracias.

«A ‘No’ uttered from the deepest conviction is better than a ‘Yes’ merely uttered to please, or worse, to avoid trouble.” Mahatma Gandhi. Un «No» pronunciado desde la convicción más profunda es mejor que un «Sí» dicho para agradar, o peor aun, para evitar problemas».

Definición de denominación de origen.

La Denominación de Origen en España (D.O.), la Appellation, D´Origine Contrôlée en Francia (AOC), la DOCG (denominazione di Origine Controllata y Garantita) es una garantía ofrecida por los estados sobre la procedencia de un producto. Dicho producto debe su calidad y sus rasgos distintivos al ámbito geográfico donde ha sido producido. En su origen la garantía pretendía defender tanto los intereses de los productores, evitando que nuevos empresarios de fuera de la zona histórica de producción utilizaran la fama conseguida con años de duro trabajo, y por otro a los consumidores, garantizándoles la autenticidad del producto comprado.

El espíritu de la ley reside en el concepto de “terroir”, de la constatación de que un producto agrícola, en especial el vino, debe su originalidad y las características que lo distinguen y lo hacen único del lugar donde procede. En los países vecinos, Francia e Italia, siguiendo este espíritu, las denominaciones son cada vez más pequeñas y como ejemplo podríamos poner Borgoña, con más de 100 AOC diferentes; en un territorio de menos de 30.000 hectáreas hay más denominaciones de origen que en toda España. Otro buen ejemplo sería Piamonte, en 44.000 hectáreas existen 59 denominaciones diferentes. El valor de un producto está estrechamente ligado al sitio de donde procede.

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La denominción Cava.

La denominación de origen Cava posee una característica que posiblemente sea única en el mundo, no está circunscrita a una zona geográfica concreta de producción.

Hagamos un poco de historia. Los inventores de del método más extendido para conseguir burbujas en el vino fueron los habitantes de Champagne. Consiste en provocar una segunda fermentación en la botella sin dejar salir el CO”. Durante décadas en las etiquetas de los espumosos españoles, y del resto del mundo, aparecía la palabra Champagne. Esa es la razón por la cual, todavía hoy en día, pedimos Champagne cuando nos referimos a un espumoso. Los franceses, muy protectores de sus productos, litigaron y obligaron a quitar la palabra Champagne de la etiqueta de cualquier producto, en especial de los vinos espumosos elaborados fuera de la zona de Champagne. A partir de este momento, principios de los años 60, empieza a aparecer la mención Cava, como referencia a la estancia de las botellas en una gruta o cueva subterránea (cava en catalán significa cueva). A mediados de los 80, con motivo de nuestra entrada en la entonces Comunidad Económica Europea, se reguló de forma definitiva la DO Cava, cuyo ámbito de producción serían los términos municipales donde de forma tradicional se elaboraba vinos espumosos con el método francés, principalmente en la Depresión del río Ebro. Las bodegas que, en el momento de instituir la denominación, estuvieran elaborando Cava, podrían seguir haciéndolo. Un ejemplo lo tenemos en Finca Torremilanos, que elabora Cava en la provincia de Burgos. Sin embargo, la ley no satisfizo a todos. En dos municipios, Almendralejo en Badajoz y Requena en Valencia, existían bodegas elaboradoras de Cava. En concreto había una bodega en Almendralejo, Industrias Vinícolas del Oeste, fundada en 1983; en Requena la primera bodega en elaborar cava fue Torreoria en 1982. Las bodegas elaboradoras podían seguir elaborando Cava, pero no el resto de las bodegas. Los dos municipios litigaron y, en última instancia, el Tribunal Supremo falló a su favor, permitiendo la elaboración de Cava a todas las bodegas ya existentes y las bodegas que tengan a bien abrir en el término municipal.

Desde cualquier punto de vista el fallo del Tribunal Supremo destruye la idea y el espíritu con el que nacieron las denominaciones de origen y solo sirve para incrementar la confusión a la hora de elegir.

En la actualidad están amparados por la denominación 159 municipios, de los cuales 132 están en Cataluña. El prestigio de la denominación, la labor de años trabajando para alcanzar la excelencia, es fruto del esfuerzo de los elaboradores catalanes. Podemos hacer un pequeño experimento: piensen en 10 marcas de Cava, ¿cuantas de ellas son de fuera de Cataluña?.

En nuestras páginas siempre recomendaremos ser infieles (exclusivamente en temas de vino, no me malinterpreten). Probar cosas nuevas es lo que hace la vida divertida. Pero sí me permito decirles que cuando vayan a comprar, elijan lo que más les guste, lo que más les haga disfrutar, lo que mejor se acomode a su presupuesto. Escojan lo que quieran porque son soberanos en el momento de elegir, es su dinero, pero no permitan que su elección sea por motivos políticos. Me convence el argumento de comprar productos locales y defender lo nuestro, todos deberíamos apostar por lo hecho cerca de casa; ayudamos a la economía local, es más eficiente y ecológico, mantenemos los puestos de trabajo, etc. Pero también hay que tener en cuenta que en un mundo globalizado hay pocos productos de una sola región y la mayoría están construidos y elaborados con materia prima o piezas de otras regiones. Dejar de comprar un producto por motivos ajenos al producto y al valor que aporta por si mismo es castigar a inocentes. Unos los evidentes, los que pierden la venta por el único motivo de estar en el medio de una lucha que intereses que no han creado; los otros los menos evidentes, los que venden a los productores que dejan de vender.

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El viernes pasado publicamos en el Diario Local un artículo firmado por “La Banda de la Sed”, un grupo de amigos amantes del vino que escribimos en el suplemento gastronómico cada semana. Queríamos dejar clara nuestra postura cuando nos acecha, una vez más, el fantasma del boicot al Cava catalán. Reproduzco el artículo entero al final del post. El mensaje es diáfano; no tiene sentido, conduce a situaciones de injusticia y, a corto plazo, solo puede provocar sentimientos de desafección y desencuentro con las personas con las que compartimos este país.

Añadiría una cuestión que me preocupa mucho; dejar de comprar Cava catalán por el único hecho de que es catalán ayuda a reforzar la idea de “ellos y nosotros”, una idea que no existe y que solo beneficia a unos pocos, a unas élites que piensan ganar del enfrentamiento entre “unos y otros” sin importarles cuales son las consecuencias y los costes sociales y económicos finales. Para mi, estos pocos que salen beneficiados están en los dos bandos, por eso son tan peligrosos.

La Banda de la Sed y los firmantes del artículo son: Pilar Cruces, Paco Berciano, Albert Martinez y un servidor.

Artículo publicado el 15 de diciembre

¿Boicot? No, gracias

Llevamos una racha, bastante antes del 1 de octubre, en el que no hay día en que alguien no hable de boicotear los productos catalanes. “No me pongas cava catalán; “ese vino no, que es catalán”. Respetando el derecho de todo el mundo a tomar lo que quiera y a boicotear lo que le apetezca, damos algunas razones por las que creemos que un boicot es un inmenso error.

No es coherente

Todos los que boicotean los productos catalanes lo hacen porque para ellos Cataluña es España y les molesta que algunos catalanes no lo crean así. Por lo tanto lo que están haciendo es boicotear productos tan españoles como los de Burgos, Badajoz o Sevilla.

No es una solución

Para conseguir que los catalanes que no se sienten españoles vuelvan a sentirse como tales, rechazarlos no parece el camino más lógico. Parece fácil de entender que para recuperar el cariño, lo mejor es dar cariño. Discrepemos tantas veces como sea necesario, pero siempre desde el respeto mutuo. Boicotear los vinos catalanes no parece una fórmula que facilite ese respeto.

Es discriminatorio

Perjudica por igual a los que se sienten independentistas y a los que no. Más de la mitad de los catalanes quieren seguir con España. Boicotear sus productos es boicotear su futuro.

Es peligroso

Puede generar un efecto rebote, que algunos catalanes empiecen a boicotear productos del resto de España. Como los datos son siempre muy definitorios es bueno recordar que los vinos más vendidos en Cataluña son los de Rioja y Ribera del Duero. Sería igual de ilógico que dejasen de beber nuestros vinos porque nosotros no queremos beber los suyos.

Esta situación se nos ha ido de las manos, pero no se apagan los fuegos echando más leña. Mientras tanto nosotros debemos dar una lección de diálogo, respeto, cariño. Por eso hoy más que nunca bebamos un cava catalán.

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