La importancia de los grandes eventos para atraer nuevos clientes.

Viajo mucho por Francia y la razón principal no es la extraordinaria belleza del paisaje o de sus maravillosas ciudades tan bien conservadas, sino para degustar sus vino. Casi sin excepción, todas las regiones productoras tienen una feria importante para la presentación y promoción de sus vinos. Comparando las agendas de acontecimientos vitícolas de los dos países, Francia y España, observamos que en el país vecino prácticamente todos los días organizan actos abiertos al público general donde poder degustar las diferentes elaboraciones. En España en muy difícil, incluso para los profesionales, encontrar acontecimientos relevantes a los que acudir para poder conocer un poco más una zona productora o un tipo característico de vino.

Una feria importante atrae a un gran número de personas. A la sombra de un acontecimiento masivo suelen ocurrir cosas interesantes. En este caso me refiero a la aparición de salones y presentaciones de nuevas tendencias de vino al abrigo del evento principal. El ejemplo más destacado es lo que podríamos llamar “la semana de vinos loca de Angers”. Durante unos diez días la ciudad se transforma, albergando una gran feria de vinos oficial y, a su sombra, varios salones más pequeños en capacidad pero no en importancia de los vinos presentados. La ciudad completa se integra en las actividades organizadas, con conciertos con vino, comidas maridadas, visitas a los viñedos, arte y vino, etc. Todos los personajes relevantes del mundo del vino de toda Europa viajan a visitar el Loira, disfrutar de la comida y amabilidad de los franceses y, por supuesto, visitar sus ferias. Los beneficios de una oferta tan colosal no son solo económicos; el prestigio conseguido por la ciudad queda anclado en el recuerdo para mucho tiempo. Y por supuesto consigue el objetivo que persigue, incorporar el vino a la vida cotidiana, que forme parte del “savoir faire”, del buen vivir de los ciudadanos.

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El consumo de vino baja imparable en nuestro país. Las razones son varias pero, la principal, un alejamiento, e incluso, una sensación de abandono del consumidor final. La única forma de romper este ciclo “menos consumo-menos interés por el consumidor final” es acercando el vino al posible público objetivo. Desde mi punto de vista, esto solo se puede conseguir organizando actividades relacionadas con el vino a la que acudan personas interesadas o que puedan estarlo en un futuro próximo. Ofrecer los vinos a un público más amplio. Pocas empresas organizan eventos realmente relevantes y de afluencia masiva. Pocas denominaciones y bodegas se dan cuenta de la importancia de dar a probar sus productos a los consumidores del futuro. Una vez más solo Cataluña parece organizar eventos de gran magnitud o más pequeños pero originales e integradores. La DO Catalunya es un ejemplo de dar a conocer sus vinos en pequeñas (o no tan pequeñas) presentaciones de los vinos, uniendo cine, teatro, arte, conciertos al consumo de una copa de vino, organizan concursos de mejores blog sobre vinos, inician colaboraciones con dibujantes de comics con historias relacionadas con el vino, etc. La DO Ribeiro también organiza divertidas presentaciones donde une el vino con otras actividades donde acude el público y puede conocer los nuevos vinos de esta interesante DO.

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En cuanto a eventos el más destacado es Alimentaria. Alimentaria 2018 será el gran acontecimiento donde se pongan en contacto compradores y vendedores de todo el mundo relacionado con la alimentación, gastronomía, nuevas tendencias y, por supuesto, vino. A su sombra se desarrollará la “semana loca de Barcelona” y todas las propuestas organizadas para satisfacción de todos nosotros.