¿Existe una relación entre la calidad y el precio de un vino?

Es duro apostar contra un científico. Utilizan un sistema de análisis llamado (pomposamente) método científico. El método científico se basa en la obtención de datos medibles en un entorno controlado mediante la observación y experimentación. Del análisis de estos datos extraemos conclusiones racionales que nos permiten comprobar si una hipótesis es cierta o falsa. Sin este método de trabajo, nada se puede afirmar que es cierto (o falso).

Mi amigo Javier es científico. Defiende la idea de que no existe una correlación entre el precio y la calidad del vino. Según su teoría en una cata a ciegas nadie, exceptuando a los muy expertos, sería capaz de valorar un vino en relación al dinero que cuesta.

La relación entre calidad de un producto y su precio tiene dos variables.

  • Una, el precio,  es muy fácil de medir, solo hay que ir al mercado y ver lo que hay marcado en las etiquetas (otro problema es cómo se llega a este precio final, pero es un poco más complejo).
  • Sin embargo, la calidad es algo intangible y por lo tanto inmedible. Algunos vinos valen más que otros porque los creadores de tendencias, los líderes de opinión y los “expertos” ponen de moda un estilo, una marca o una zona y el público está dispuesto a pagar más, no por las cualidades intrínsecas del producto.
Mi opinión, sin ser totalmente opuesta, disentía de la suya. En mi opinión de “experto” (las comillas son mías) sí existe una correlación entre el precio y la calidad. Es cierto que muchas veces me he llevado grandes chascos con vinos caros y famosos y alguna vez me ha sorprendido positivamente uno de máa bajo precio, pero aún así, sabiendo como se elaboran los distintos tipos del vino, porque unos son más caros que otros, las diferentes denominaciones de origen, etc. creo que existe una relación entre lo que pagas por un vino y la experiencia placentera que da y que sería observable en una cata a ciegas.

La apuesta estaba servida. Cuando llegaron el resto de amigos todos se alinearon a mi favor. Al fin y al cabo, todos pensamos que compramos la máxima calidad con el dinero que nos gastamos.

Al día siguiente Javier me trajo dos interesantes publicaciones científicas en las que se describían dos experimentos. Tal y como él creía, alguien antes que nosotros se había planteado las mismas preguntas, había elaborado hipótesis y había intentado demostrarlas.

Voy a resumir los experimentos tratando de ser o más  fiel posible  al texto.

Experimento 1.

Nombre: “Do more expensive wines taste better? Evidence from a large of blind tastings” (¿Saben mejor los vinos más caros? Evidencias extraías de una extensa muestra de catas a ciegas)

Fuente: Journal of Wine Economics , Volume 3, Number 1, Spring 2008. Pages 1-9.

Los datos se obtuvieron de 6175 observaciones procedentes de 17 catas a ciegas organizadas por Robin Goldstein entre abril de 2007 y febrero de 2008 en USA. Un total de 506 participantes cataron 523 vinos diferentes. Los vinos fueron servidos en catas doblemente ciegas. Ni el personal encargado de servir ni los participantes sabían nada respecto del vino que estaban catando, con excepción de su color. No sabían nada de su precio, procedencia, variedad, etc. Los vinos eran de todo tipo ( tintos, rosados, blancos, espumosos…) de diferentes países y variedades.

Cada catador daba una valoración sobre el vino. La pregunta que debían responder era: ¿ cómo califica el vino en su conjunto?.

Las respuesta posibles eran: Bad, Okey, Good, Great. Una calificación ascendente de 1 a 4.
El rango de precio de las botellas de vino estaban entre 1.65 y 150 dólares.  Los participantes fueron voluntarios de 21 a 88 años, el 12% de los cuales tenían preparación en cursos de cata de vinos. (A estos últimos se les considera “expertos”, las comillas, en este caso, son suyas).

Se analizaron por un lado la relación entre la puntuación obtenida por un vino con cada individuo, incluyendo a todos ellos, y con su precio y por otro se realizó un estudio con el subgrupo de los “expertos”.

Se analizaron por un lado la relación entre la puntuación obtenida por un vino con cada individuo, incluyendo a todos ellos, y con su precio y por otro se realizó un estudio con el subgrupo de los “expertos”. 

Resultados:

Los resultados coinciden con la teoría de mi amigo Javier: cuando los participantes no conocen el precio del vino que están tomando no disfrutan más los más caros, es decir no los consideran “de mejor calidad”. De hecho la correlación entre precio y calidad percibida es muy escasa y NEGATIVA. Es decir, los no expertos disfrutaron más y encontraron mejores los vinos más baratos, siendo significativamente peor la valoración de los más caros.

Sin embargo, cuando los catadores estaban entrenados (los “expertos”), la correlación entre la puntuación obtenida por cada vino y su precio fue positiva -o, al menos, no negativa- pero con poca relevancia estadística, lo que deja abierta la cuestión si dicha correlación es realmente positiva.

Conclusión:
Según este estudio, en consumidores de vino no expertos la percepción de calidad no está correlacionada con el precio (IMPORTANTE: cuando el consumidor no conoce ese precio) y de hecho se perciben como mejores vinos de precio inferior. En cambio cuando los consumidores tienen un cierto entrenamiento en catas parece (los datos no son robustos) que la correlación es ligeramente positiva, o al menos no negativa, entre la puntuación del vino y su precio es el entrenamiento.

Este trabajo da lugar a una serie de cuestiones importantes:

  • ¿El bebedor de vino no especializado tiene diferentes preferencias que los expertos? ¿La diferencia entre estos gustos se debe a una mejor capacidad innata de percepción de los “expertos” o se debe al entrenamiento en catas?
  • Cuando catas evalúas atributos del vino, algunos de los cuales son más o menos objetivos. El brillo, la intensidad aromática, el equilibrio y redondez del vino, que no presente aristas, la crianza en barrica, etc. Estas apreciaciones fácilmente observables con entrenamiento ayudan a posicionar el vino por niveles de complejidad pero están lejos de poder definir la singularidad y las características diferenciadoras individuales.
Alucinante, ¿ no creen?. Pues esperen a ver el segundo experimento.

Continuará….

Terroarista
  • Vinologista

    No hace mucho tuve un debate largo y tendido sobre este tema en menéame al hilo de este envío (http://www.meneame.net/story/vvvvvino-esnobismo-vicisitudico). Donde una persona profana y “en tono de humor” se apoya en los artículos científicos para venir a decir que no hay relación alguna entre precio y calidad.

    Así que espero la conclusión de este artículo ;)

    Mi opinión por otra parte se alinea bastante con la tuya, tanto en cuanto, en mi experiencia relativamnte científica, los gustos y las pasiones evolucionan desde lo básico hacia lo complejo, para paradójicamente una vez alcanza cierta complejidad, algunas veces excesiva, volver a disfrutar de lo básico sin prejuicios y valorándolo en su medida.

    Por eso a una persona profana en un tema, me da igual que sea vino, me da igual que sea comida, me da igual que sea música, en principio apreciará y gustará en primera instancia de las elaboraciones más sencillas. Y generalmente las elaboraciones más sencillas se corresponden con costes más económicos. Por el contrario, cuando empiezas a interesarte por un tema, a apasionarte, si quieres verlo así, en este caso el vino, empiezas a apreciar matices y cada vez gustas de elaboraciones más complejas. Y más que nos duela, a mayor complejidad en la elaboración ( que además va relacionado con menor producción ): mayores costes.

    Yo siempre he tenido el convencimiento de que la mayoría de la gente prefiere un lambrusco del LIDL de 2€ a un, tirando para la tierra, Casa Castillo Pie Franco. Por eso siempre he sido muy defensor de los vinos amables y sencillos, porque son fundamentales para atraer gente al mundo del vino.

    Pero hace unos meses decidí dar un pasito más y probar mi pensamiento. Asi que aquí ya hablo de una prueba experimental. Elegí un grupo de amigos, donde había bebedores ocasionales-esporádicos y bebedores habituales-experimentados (aunque en los experimentados ningún gafavinista, es decir, ninguno de los que no llevan la guía peñín metida en la cabeza, o en el culo, sino que son señores de 50-60 años que llevan toda su vida bebiendo vino aunque les importe tres carajos si tal vino tiene un 93 o un 97).

    Elegida la gente. Elegí dos vinos de la misma bodega y me cercioné de que no los conociesen. Puse un barrica de 4 meses resultón, un MO Salinas de 5€, y un vino más complejo y elaborado, un Mira Salinas de 20€.

    El resultado que obtuvimos fue que los bebedores esporádicos decían (sin conocer precios) que ellos prefieren el MO Salinas, mientras que los bebedores habituales (sin conocer precios), se decantaba por el Mira.

    Así que es posible que no exista una relación entre Precio-Satisfacción ( me niego a llamarlo calidad, porque al final es un tema de gustos ). pero al menos creo que sí existe algún tipo de alineación entre Experiencia-Precio-Satisfacción.

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  • Ivan Entusiasmado

    Muy interesante y coincidente con lo que siempre he experimentado. Recuerdo que en una ocasión hicimos una cata a ciegas entre varios amigos para decidir un vino que ibamos a embotellar. Al principio a casi todos nos pareció mejor uno, hasta que se reveló que era el más barato. Entonces casi todos cambiaron al más caro.
    Un saludo.

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